Cómo convivimos, cómo interactuamos o lo que dejamos pasar muchas veces no son producto del planeamiento, pero los estudiantes aprenden de ello. Donde muchos lo dejan al azar, diseñarlo es una ventaja.

Programa vivencial que promueve la empatía, el pensamiento crítico, o la toma de decisiones. Transformar los valores en habilidades prácticas para la vida, como la empatía, la ética e incluso la conciencia sobre nuestras decisiones afectadas por la presión social.

Diseño y fortalecimiento de los valores que orientan la cultura institucional y los modelos a seguir. El proceso integra los valores que aprecia la institución y los transmite a través de la convivencia, la toma de decisiones y la forma de relacionarse.

Apoyo a los docentes en habilidades que deben proyectar al alumnado. Cada educador puede ser un modelo de coherencia y motivación, capaz de transmitir valores, generar confianza y guiar procesos de aprendizaje significativos.

Por medio de la reflexión y la construcción de significado, cada participante analiza qué tan coherentes son sus propios actos cotidianos con los valores que sostienen la democracia. Forma su criterio ético desde el pensamiento crítico y la integridad.
Para centros educativos, fundaciones, asociaciones y demás organizaciones comprometidas con la integridad y la lucha contra la corrupción.
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